En una vivienda podemos encontrar enormes y variadas alteraciones magnéticas. Se producen tanto por la estructura del edificio que contiene vigas metálicas, o mallazos importantes de hierro, como por las inducidas por los radiadores y cualquier otro aparato doméstico que contenga una gran masa metálica ferromagnética.Una simple brújula magnética puede hacer las funciones de detector magnético. Si la desplazamos de forma uniforme por una vivienda y correctamente alineada veremos como en determinados lugares oscila. Al acercarnos a una masa metálica, a los altavoces del equipo de música o a un cabecero de forja veremos como la aguja de la brújula varía en algunos grados su inclinación. Si lo que necesitamos es medir la cantidad exacta lo mejor es usar un magnetómetro. Es un aparato que indica las diferentes intensidades del campo magnético de un terreno o de una determinada habitación. También es posible con estos aparatos medir las fluctuaciones que se dan en un mismo punto durante un determinado período de tiempo o, incluso, en diferentes períodos de un año.
Todas estas variaciones, ya sean naturales o artificiales, pueden afectarnos o alterar nuestros mecanismos biológicos. La permanencia prolongada en un lugar con importantes desajustes magnéticos puede inducir desequilibrios importantes en nuestra propia polarización interna, alterar nuestra circulación energética y afectar a la polaridad celular. El cáncer acaba siendo inevitable al ser el siguiente paso. Ya muchas investigaciones consideran que el fenómeno de la despolarización celular es uno de los principales motivos para que se produzcan mutaciones genéticas y transtornos degenerativos.
El ser humano responde mejor ante campos magnéticos pulsantes. Esto seguramente es debido a que el campo terrestre también es pulsante no es uniforme. Se calcula que la pulsación magnética de la Tierra está comprendida entre los 8 y los 20 impulsos por segundo. Es una pulsación que nuestros oídos no la pueden captar pero curiosamente nuestro cerebro sí. Cuando nuestro cerebro llega a sintonizar con el campo magnético pulsante de la Tierra y se sitúa entre los 8 y los 12 ciclos es cuando nos sentimos en un punto de máxima relajación. Técnicamente se conoce como el estado alfa cerebral.
Las zonas que deben prestar más nuestra atención son las que vamos a pasar un mayor tiempo de nuestra vida: el dormitorio y el lugar de trabajo.



El magnetómetro. Mide las variaciones del campo magnético de la tierra.















